Si algo es dinámico porque produce movimiento, luego, eres dinámica.
Eres dinámica porque me haces comenzar cosas con las que no contaba, o aceleras el proceso. Dinámica, porque generas movimiento en mi.
Y tú, -sí, tú-, también eres dinámica, porque aceleras cualquier proceso que hubiera iniciado, o tú, o tus pares. Me invitas a conocerme mejor, Me mueves.
Dinamismo, posibilidad de movimiento, emociones...
Alegría,
Culpa,
Satisfacción...
Cariño.
Dinámicas, porque son activas;
Porque al ser, aportan vida.
Dinámicas porque logran afectar mi día
Y emociones, buscando siempre mejoría.
jueves, 20 de agosto de 2015
viernes, 24 de julio de 2015
Efímero
Efímero, como tu presencia, así es la hermosura.
Efímero, porque ni siquiera en el recuerdo permaneces concreto.
Esquivo, como eres, vas y vienes
Obedeciendo, como siempre
Sólo a tu parecer.
Efímero y hermoso, visitas orgulloso,
Y pintas el cielo de rojo
Efímero y hermoso,
Mi querido arrebol orgulloso;
Efímero, como tu presencia, así será éste poema.
Efímero, porque ni siquiera en el recuerdo permaneces concreto.
Esquivo, como eres, vas y vienes
Obedeciendo, como siempre
Sólo a tu parecer.
Efímero y hermoso, visitas orgulloso,
Y pintas el cielo de rojo
Efímero y hermoso,
Mi querido arrebol orgulloso;
Efímero, como tu presencia, así será éste poema.
martes, 21 de julio de 2015
Incertidumbre
Eso eres.
Incertidumbre.
El no conocer, el no saber. El miedo propio de aquello que nos es ajeno. Eso eres, y eso serás. Eres incertidumbre porque nunca sé qué hacer contigo. Nunca sé qué decirte, ni qué quieres oír. Tampoco sé cómo debo actuar, ni cómo pretendes que lo haga.
Pero eso es,
la verdad,
una nimiedad.
Eres incertidumbre. No, no. No eres incertidumbre. Eres Incertidumbre. Así, con mayúsculas. Así te bautizo, pues eso eres. Dudas constantes e hirientes, corrientes o no, permanentes.
Incertidumbre.
Que palabra tan linda, ¿no?
Desconocimiento no es. Pero tampoco es, necesariamente, duda. Porque la duda genera hipótesis. Y, de alguna manera, las hipótesis, generan esperanza.
Pero tú eres incertidumbre.
Incertidumbre.
Vacío.
Temor.
Eres el temor que tengo al futuro, el vacío que siento cuando no estás, eres la incertidumbre de un futuro y eres lo que sea que me haga moverme en ésa dirección.
Eres la incertidumbre de saber si leerás esto o no.
Eres incertidumbre y dolor, pero eres también esperanza y amor. Y esa, ésa específicamente, es una combinación explosiva.
En
Átomos
Dispersos
Espero
tu
spuesta,
Re
greso,
mi amada Incertidumbre.
Incertidumbre.
El no conocer, el no saber. El miedo propio de aquello que nos es ajeno. Eso eres, y eso serás. Eres incertidumbre porque nunca sé qué hacer contigo. Nunca sé qué decirte, ni qué quieres oír. Tampoco sé cómo debo actuar, ni cómo pretendes que lo haga.
Pero eso es,
la verdad,
una nimiedad.
Eres incertidumbre. No, no. No eres incertidumbre. Eres Incertidumbre. Así, con mayúsculas. Así te bautizo, pues eso eres. Dudas constantes e hirientes, corrientes o no, permanentes.
Incertidumbre.
Que palabra tan linda, ¿no?
Desconocimiento no es. Pero tampoco es, necesariamente, duda. Porque la duda genera hipótesis. Y, de alguna manera, las hipótesis, generan esperanza.
Pero tú eres incertidumbre.
Incertidumbre.
Vacío.
Temor.
Eres el temor que tengo al futuro, el vacío que siento cuando no estás, eres la incertidumbre de un futuro y eres lo que sea que me haga moverme en ésa dirección.
Eres la incertidumbre de saber si leerás esto o no.
Eres incertidumbre y dolor, pero eres también esperanza y amor. Y esa, ésa específicamente, es una combinación explosiva.
En
Átomos
Dispersos
Espero
tu
spuesta,
Re
greso,
mi amada Incertidumbre.
martes, 24 de febrero de 2015
Clara
¿Sabes? Sé perfectamente que
nunca leerás esto. O que si lo haces, no será pronto. De eso estoy seguro
porque rara vez cruzamos palabras, aún si cada día que pasa se nos hace más
común ese intercambio lejano de aliento sonoro. No sólo eso, sino que,
realmente, no nos conocemos. Compartimos un par de horas a la semana, sabemos el nombre del otro… y ya.
Pero ¿sabes? Tienes la que es,
quizás, la sonrisa más hermosa que he visto, si no en mi vida, sí en los
últimos años. Y mira que veo muchas sonrisas. Pero eso ya lo sabías. Sabes, al
igual que muchos otros, que disfruto mucho de ver distintas sonrisas. La tuya,
la de Valentina, la de las Susana, las de Camila, y las de Andrés, Carlos, y
Federico –por darte alguno que otro nombre-. Sabes que me encanta ver sonrisas,
porque me encanta ver la tuya. Y me encanta cómo te desesperas, sin entender
bien por qué te pido que sonrías.
Porque tu sonrisa es, sin lugar a
dudas, especial. No sólo por cómo encaja en tu rostro, que lo hace de
maravilla, sino porque brilla. Y no como un anuncio de cualquier producto
recomendado por nueve de cada diez dentistas. Brilla con un resplandor propio
de las maravillas desconocidas. Delicada pero completa, un reflejo de ti.
Sé que no leerás esto. No me
importa. Quería escribirte de tu sonrisa. Y acá está. Si de por sí eres bonita,
sonriente eres hermosa.
sábado, 7 de febrero de 2015
Recuperando la costumbre: Arte (2)
Arte.
Eres arte.
Y eres arte en estado puro.
Y eres arte en estado puro porque todo en ti es
arte.
Eres
arte cuando ríes, cuando callas. Eres arte cuando divagas, cuando no sabes si
quieres chocolate o vainilla. Eres arte cuando tu voz desgarra el aire y viaja,
interrumpiendo el silencio, hasta mis afortunados oídos. Eres arte cuando
suspiras distraída, pensando en oportunidades pasadas o personas lejanas. Eres arte
cuando brillan tus ojos, y cuando los enlazas con los míos. Eres arte cuando
ves niños y los cuidas, aún si casi no lo conoces. Eres arte cuando decides que
unas líneas de grafito sobre papel cobrarán vida, y logras que lo hagan.
Eres
arte cuando sonríes, eres arte cuando miras. Eres arte en todas y cada una de
sus formas. Eres arte cuando dudas y cuando discutes. Eres arte cuando te
enfocas en aquello que adoras, y eres arte cuando contemplas la distancia
esperanzada. Eres arte cuando sientes y expresas, y cuando no encuentras las palabras adecuadas y desesperas. Eres arte...
Simplemente
eres arte, en todas sus formas y estados.
Y
como el arte, eres perfecta. Aún cuando no lo eres.
viernes, 6 de febrero de 2015
Recuperando la costumbre: Arte
Arte.
Eres arte.
Y eres arte en estado puro.
Y eres arte en estado puro porque
todo en ti es arte.
Es arte tu cabello, la forma en
que se mueve cuando giras tu rostro para mirarme.Es arte la forma en que caminas,
cómo te bamboleas a tu propio ritmo, desafiando la realidad. Siempre delicada y
decidida. Es arte también el subir y
bajar de tus hombros y vientre al respirar, su tranquilidad o velocidad
contagiándome. Es arte tu figura, la cuerva en tu cadera, el caer de tus
pechos, el color de tu piel, el aroma que desprendes.
Es arte tu rostro, casi
angelical. Es arte tu nariz, con sus formas; y es arte la forma en que se
curvan tus labios para formar una sonrisa; y no mencionemos ya su sabor. Son
arte tus pestañas, que guardan el tesoro de tus ojos. Y son arte tus ojos. Es
arte la forma en que brillan cuando hablas de aquella música que amas, cuando
describes la sensación de tu comida favorita. Es arte su color y su profundidad,
es arte la forma en la que parpadeas, coqueta y elegante.
Porque el arte es más que la
imagen o figura, es el impacto que causa.
Por eso, y porque es arte la
forma en la que me miras y sonríes, puedo afirmar sin dudar, que todo en ti es
arte.
jueves, 5 de febrero de 2015
Recuperando la costumbre: Cuento uno.
Ni aullaron los lobos, ni
escondieron las madres a sus hijos. No silbó el viento, no se persignaron las
personas. Los últimos arreboles de la tarde desaparecían más rápido de lo que a
las parejas enamoradas les gustaría, y los poetas se quejaban de eso. La noche
abrazaba la ciudad, como debía hacerlo. Las luces de las calles se encendían,
las vías principales se llenaban de automóviles, y vida. Los vendedores
ambulantes comenzaban a trabajar, y los ladrones redoblaban sus esfuerzos.
Levantó su cabeza. Una pequeña
gota de líquido rodaba por la comisura de sus labios. Su lengua no tardó en
encontrarla y deshacerse de ella. Suspiró mientras su comenzaba a sonreír.
Sería una buena noche.
Se dirigió al tocador, con la
intención de maquillarse un poco. Sabía que no lo necesitaba, pero no estaba de
más sentirse (aún) más linda. Un poco de base aquí y allá, un poco de máscara,
y un poco de rubor, para evitar sospechas. Tomó sus ropas favoritas, oscuras, y
salió. Era la dueña de la noche.
No tardó en encontrar un antro
popular con los jóvenes de la ciudad. La luz, tenue como debe, no era
suficiente para ver más allá de las facciones más obvias. El sonido explosivo
de la música, constante y repetitivo, llenaba el espacio. El olor a sudor y
alcohol era inaguantable. Perfecto.
Un joven bailarín, algo alejado
del centro de la pista, robaba su atención. De cabello corto y mandíbula
fuerte, hombros marcados y contextura atlética, bailaba con una pasión que
despertaba, cuando menos, interés. Llamativo.
Comenzó a acercarse al bailarín sin nombre, caminando lentamente a través
de las personas cerca. Logró que, antes de llegar, el bailarín se fijara en la
figura que se acercaba a él. Inclinó su cabeza, extendió uno de sus brazos, lo
miró a los ojos e hizo ademán de que se acercara. Él obedeció, sobresaltado por
quién estaba frente a él: una mujer hermosa de cabello oscuro, piel blanca,
facciones alargadas aunque delicadas; vestida en tonos de negro y con un cuerpo
escultural.
Ella continuó con sus movimientos
delicados e hipnóticos, bailando con suavidad al ritmo de la música. Él había
perdido la mitad de su gracia, quizás aún sorprendido por la perfección, porque no había mejor forma
de describirla, de la mujer a la que se acercaba. Una presentación, mísero
intercambio de nombres, y comenzaron a bailar. Se alejaron del centro,
acercándose cada vez más a la salida del lugar. A pesar del ir y venir de las
personas, de que cada vez se llenaba más y más el lugar en el que estaban, de
que estaban ambos bañados en sudor, no se detenían. Cuando la noche se acercaba
a su fin, ella tomó la iniciativa y, cómo no, lo invitó a tomar un café;
propuesta que fue supremamente bien recibida por el joven, que estaba pasando
de las mil maravillas.
No tardaron en llegar al
apartamento de la joven, y tardaron aún menos en entrar a su habitación. La ropa
voló para un lado y otro, y la madrugada se llenó de suspiros y caricias. Poco
antes de alcanzar su cénit, ella sintió cómo su rostro perdía su fachada. Sus
orejas se hacían más puntiagudas, sus ojos, hasta ese momento oscuros, tornaron
escarlata. Su nariz, delicada, pasó a ser recogida, casi caricaturesca. Sus
colmillos crecieron desmesuradamente, tanto en longitud como en el diámetro
general; llegando a opacar sus incisivos. La que hasta ese momento fuese
hermosa lanzó un chillido que quebró el silencio propio de los momentos previos
al alba, y antes de que el desafortunado bailarín pudiese evitarlo, clavó sus
colmillos en su yugular, perforando piel y tejidos, y bebiendo la sangre del
joven. Antes de terminar, consideró que quizás fuese… correcto contar con un juguete
de la calidad del joven, que le había dado un buen rato y no era nada duro a la
vista. Que quizás no vendría tan mal estar acompañada…
No. Al fin y al cabo… tengo toda la eternidad para encontrar a alguien
mejor.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)