jueves, 2 de enero de 2025

Inocencia interrumpida

No recuerdo bien cómo comenzó el juego. Seguro fue entre risas. Seguro fue por la emoción de saber que era algo incorrecto... aunque inofensivo. 

Era, al final del día, un chapuzón en la fantasía. En el reino de las posibilidades infinitas, con mínimas consecuencias. Era sentir el deseo, sumergir los pies en él, quizá. Dejarse llevar un poquito por la corriente. Era sentir el agua del mar llegando hasta ti por el oleaje, refrescarte con ella, disfrutar la sensación, sin temor alguno a ahogarte. 

Me gustaba el sonido de tu voz. Escucharla, cuando me dejabas. Imaginarla, cuando no lo hacías. Me gustaba cómo se cortaba. Cómo poco a poco suspirabas, mordiéndote los labios, tratando de mantener el silencio.

Ha pasado mucho tiempo, y ya no recuerdo tu olor. Recuerdo tus risas. Tu cabello. Tu llanto. A veces, como hoy, recuerdo tu cuerpo. Recuerdo nuestra inocencia interrumpida. 

Recuerdo cómo me pedías que te contara qué quería. Que narrara cómo, en un mundo onírico y etéreo, recorría tu piel con mis manos y probaba cada centímetro de ti. Que dijera cómo sentía tu piel en mis dedos, y cómo me perdía en tus curvas y en tu sabor. Cómo te estremecías con cada hálito, con cada instante en mis manos. Querías que describiera cada movimiento, cada espasmo, cada posición. A veces, creo, querías que fuera real.

Recuerdo que soñamos. Un sueño inofensivo, un sueño que no nos atrevíamos a llevar a la realidad. Un sueño causante de insomnio, de distracción, y de mil cosas más. 

Contigo cualquier noche era un riesgo. La incertidumbre de si Morfeo llegaría a tiempo, o si, por el contrario, Eros nos pediría que practicáramos promesas para usar en un futuro. Nunca entre nosotros. 

A veces, me otorgabas la gracia de la inspiración. Los pixeles en mi pantalla tomaban la forma de tu cuerpo, y cada engranaje de mi mente tenía una nueva misión: crear cuanta forma de satisfacerte encontrara. Quiero mentir y decirte que grabé a fuego cada momento, y quizás, el que te escriba ahora es el ejemplo de eso, pero he olvidado mucho de tu cuerpo. Olvidé cómo caían tus senos (pero no lo poquito que te gustaban) y cómo se veía tu cadera desnuda. acaso cubierta, esporádicamente, con una toalla. Pero en ese momento, cada segundo era importante, cada palabra era urgente, cada mensaje, esperanzador.

Soñábamos, por unos minutos apenas, con el otro. Miento, no con el otro. Con el placer del deseo ajeno, con la adrenalina, con el descaro, y, sobre todo, con la emoción.

Hace poco recordé todo esto. Recordé mis privilegios. Recordé todo aquello que compartías conmigo y que ya no lo haces. Pero recordé el acto de descaro más insoportable al que me he enfrentado, y que casi diez años más tarde sigo recordando.

Sabe Dios, porque no hay humano vivo que sepa, qué te poseyó para jugar así conmigo. Si te estabas desquitando, o estabas continuando con nuestra sesión de la noche anterior; o si simplemente lo hiciste por el orgullo de un depredador que caza su presa despreocupada: porque puede, y se le antoja. Puedo imaginar tu sonrisa felina cuando, después de una leve ponderación, tomaste la decisión pensando en cómo reaccionaría yo. Puedo imaginar cómo relamías tus labios mientras grababas cómo se deslizaban tu mano por tu pecho, lentamente, en dirección a tu vientre; cómo separabas con una parsimonia exasperante tus piernas y dejabas que tus dedos acariciaran todo cuanto no estaba en la cámara, antes de desaparecer, dejando cualquier noción de decencia y de artimaña por fuera. Sabías que reaccionaría. Sabías cómo reaccionaría, sospecho. Probablemente me imaginaste desesperado, mordiéndome los labios, y escondiendo entre mis piernas la evidencia de mi distracción durante clase. 

Tanto sabías qué hacías que, antes de ducharte, después de haber jugado conmigo como juega un minino con su estambre, me invitaste a ser partícipe de ti. Lo hiciste, justamente, ese día que no podía ir a verte. Ese es quizá mi único arrepentimiento.

No soy un santo. Diez años después recuerdo el momento, la sensación; las conversaciones y el deseo. Cuando diste el paso y rompiste la barrera de la fantasía, invitándome a desconocer cualquier código que pude haber tenido, encontré nuestro juego (¿realmente lo era?) peligroso. La adrenalina del recuerdo es suficiente, pero cómo me encantaría, así como recuerdo mis sueños, recordar contigo ese momento, y, si se pudiera, ya no interrumpir sino destrozar cualquier trazo de inocencia que permanezca entre nosotros.

Sabe Dios que me alegro por tu felicidad, y deseo, firme y constantemente, que sigas siendo feliz. Pero a veces, sólo a veces, deseo tener de vuelta la versión de ti de inocencia interrumpida. Y, si no se ha ido, querría pedirle que vuelva a jugar conmigo.



miércoles, 31 de julio de 2024

Déjame ser egoísta, Señor.

 Déjame ser egoísta, Señor, y morir antes que mis amigos.

Que mis padres no me entierren, señor, ni entierre yo a mis hijos. 

Que en mi tumba caigan lágrimas de todos quienes me quieren hoy, y me querrán mañana, pero que cada una sea un agradecimiento al tiempo que compartimos y no un testimonio de mi ausencia.

Que abunden las flores y la música, y en mi honor canten, bailen y coman como siempre me ha gustado verles.

Déjame ser egoísta, Señor, y pedirte una vida larga, para que cuando muera sea un motivo de reunión para aquellos que están lejos, y que lleguen de todos los lugares del mundo. Que si estoy lejos del Caribe, en sus olas descanse un lirio o un girasol.

Déjame ser egoísta, Señor, y pedirte que si estoy entre mis montañas haya una noche clara y se vean las estrellas. Que en el cielo brille al menos una luz en mi honor, y sea esa la señal que alguien necesita para cambiar el mundo.

Déjame ser egoísta, Señor, y no sufrir la pérdida de mis amigos.

Que no sea yo quien deba dar sus elogios fúnebres. Que no sea mi deber recordarles cómo sonreían, o cómo sus voces sonaban al verano de la ciudad. 

Que en mis manos no recaiga, Señor, criar a sus hijos y mis ahijados, darles el amor que sólo ellos pudieron darle.

Que pueda evitar, Señor, el dolor propio y ajeno de una familia desgarrada por la partida de un ser querido.

Entonces, Señor, por favor: Déjame ser egoísta, y morir antes que mis amigos. 

martes, 12 de noviembre de 2019

Comodín

Después de mucho pensarlo, por fin entendí porqué me suenas así.

Por qué tus ojos se me hacían conocidos; tu piel, tersa, incómoda; tus labios tentadores, y tu figura, inquietante.

Después de mucho pensarlo entendí porqué suenas grunge. Porqué suenas a Cobain y a Vedder mientras hueles a fresa sintética.

Entendí cada motivo, cada circunstancia que llevó a eso. Vi a través del espejismo.

Lo más curioso es que tuve que adentrarme en esa supuesta esencia para verlo. Tuve que navegar y ser engatusado por las sirenas en tus curvas.

Por fin entendí que suenas a grunge porque eres un comodín. Porque entendí que en ti no te veía a ti, sino a ella. A ella, con sus labios gruesos y hermosos, su cabello castaño, su sonrisa angelical, sus ojos, con ese color mágico que variaba entre el cedro y el nogal, su voz gruesa y su actitud coqueta e inocente. Con esa estética que tanto te gustaba. Lo-li-ta.

El carmesí del labial y el olor a café, la delicadeza de su piel, segunda solo a la del viento gentil, su risa cautivadora y su cuerpo hipnótico... cómo no iba yo a enamorarme, si era todo lo que mi corazón adolescente podía querer.

Ella era eso, y tú, un buen comodín cuando ella no estaba.

Porque no son tus labios los suyos, los que me cautivaran y en cuyas comisuras me perdiera, no es tu cabello el suyo, que brillaba y bailaba con el sol, ni es tuya su sonrisa, ni su encanto natural, ni sus ojos multicolor. Porque tú no eres ella, porque ella fue perfecta para mi corazón adolescente; porque tú no eres ella pero sí te asemejas...

Por eso suenas a todo eso que sonaba ella...

Porque ahora, que ella no está, estás tú, y necesito un comodín.

martes, 23 de abril de 2019

Esperanza. Decepción.

La esperanza, dicen, no es más que la decepción pospuesta. Si eso es verdad, entonces decepciónate de una vez: Así soy yo. Estoy lejos de ser el príncipe azul de ensueño. Estoy muy lejos y cada vez me alejo más. Está bien, yo también estoy cansado de cazar estrellas fugaces. Me cansé de perseguir esperanzas vacuas, de perseguir espejismos en el desierto, de... de cazar una utopía. De ti, en tu imagen de perfección. De mí, en la de un pobre tonto. Ni tú eres perfecta, ni yo soy tan poco. Entonces decpecionémonos, ¡pero ya!

Decepciónate de mis ojos, que no son azules. De mi cabello, que se retira prematuramente. De mis dedos, que no son tan suaves como quisieras. Decepciónate de mis chistes malos,  de mi mal japonés y mi curioso italiano. Decepciónate de que no siempre sea racional con mis decisiones, de que prefiera dos a cuatro ruedas. De mi afición por la comida y de mi desprecio a muchos cineastas. Decepciónate, por favor. Yo haré lo propio. Diré que eres caprichosa, que tardas mucho en estar lista. Que nunca te conformas y que eres mimada. Diré que tu acento es extraño. Tu cabello se quedará aquí, allá, y en dónde no. Tu gusto por la cerveza hará que yo no pueda tomar —alguien tiene que llevarte a casa, ¿verdad?—, y tu gusto por el billar en más de un problema nos va a meter.

Decepciónate. Hazlo pronto. No soy tan bueno como dicen. Pero soy mejor de lo que creo. Y confío en que, después de decepcionarte, lograrás enamorarte.

Enamorarte de mis ojos, cafés como un roble cuando el sol golpea, y un espejo negro perfecto cuando no. Enamórate de mi cabello, que conserva su color único. De mis manos pequeñas y mis dedos ágiles, así como de mis pecas tímidas. De mi pasión por los idiomas. De que sea apasionado y no siempre quiera ser lógico. De que esté dispuesto a tomar riesgos y vivir más. De que me encanten las nuevas experiencias y que no soporte los clichés o sea capaz de señalarlos. Yo haré lo propio. Diré que eres selectiva, que te tomas tu tiempo para sentirte —aún más— bonita. Que eres exigente y que te gusta recibir cariño. Diré que tienes un acento único, y que en cada cabello suelto hay un pedacito de ti que me gusta tener cerca. Que no me guste el sabor del licor será la excusa perfecta: tomas tú y te llevo yo; y si hay problemas por usar una mesa de billar, a lo mejor no es un sitio para regresar.

Decepciónate antes. Después, podrás amar.

jueves, 25 de enero de 2018

A ti, que siempre te leo



Está bien, lo admito. Te deseo. No quiero, pero te deseo. Cada fibra de mi ser vibra de una manera desesperada cuando me miras. Deseo.

Sí, es eso, es deseo.

Es probar tus labios, saborearlos, tenerte en mis brazos… es poner mis manos en tu cabello, en tu cintura y en tus nalgas. Sentir tus dientes en mi boca, aferrándose desesperados, mientras mis manos…

Despojarte de tu ropa dejó de ser una mera opción. Ahora es una necesidad. Ver caer cada prenda, sea suave como tu piel, áspera como mis manos, o delicada como tu voz…

Sucumbir al calor, a la penumbra, a la lujuria. Que las palabras se vean remplazadas por gemidos, suspiros, gruñidos; el silencio invadido por la respiración agitada y entrecortada, el sudor empapando incluso el alma…

Sí, te deseo.

Sueño con tu cuerpo desnudo, duerma o esté despierto, con tu piel lívida expuesta, tus senos…
Tu belleza, expuesta más allá de tu piel, complementada por esta…

La idea de tenerte, vulnerable, delicada, bajo mis manos, junto a mi piel; de ser uno por un momento siquiera, de dejarse llevar…

Sí, te deseo.

A ti, que siempre te leo.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Think of me

Think of me
Think of me fondly
When we've said goodbye
Remember me
Once in a while
Please promise me you'll try



Sostenía una carta manuscrita con una caligrafía impecable, plasmada en un papel de aspecto añejo, la tinta negra siendo atacada ferozmente por las lágrimas que escapaban de su rostro y se abalanzaban hacia las letras indefensas. Las manchas de café en las esquians de la hoja solo reforzaban el dolor que sentía.


Con el dorso de su mano trató de limpiar su rostro. A lo lejos, un relámpago iluminaba el cielo de media tarde, y pocos segundos después, vino el trueno.

En su mano izquierda, debajo del papel amarillento, había uno lívido, con letras impresas. Un saludo formal, y un logotipo con un escudo de armas bastaban para informar que no serían buenas noticias.

Habían entregado las cartas juntas.


Recall those days
Look back on all those times
Think of the things we'll never do
There will never be a day
When I won't think of you



 Ella nunca entendió su decisión. Nunca la aceptó. Eso no cambió el resultado. Pensó en todas las promesas, las lágrimas, las alegrías, los regalos, en todo lo que paso´en su relación. En que nada lograba cambiar sus opiniones. Ni siquiera el amor profundo que sentían el uno por el otro.

Otro relámpago, otro trueno.

No tenía que leer la carta blanca para saber qué decía. Pero sentía la necesidad de hacerlo. De entender por qué ella. Por qué a ella, específicamente.


Flowers fade
The fruits of summer fade
They have their seasons
So do we
But please promise me that sometimes
You will think of me



Un último trueno, y una rápida sucesión de gotas gigantes y  gélidas cayeron sobre la calle, y sobre ella. Miró al cielo, desconsolada. Entendió que lloraba con ella.

Buscó un techo bajo el cual refugiarse, abrió la carta blanca, y confirmó sus sospechas.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Después de ti, ninguna.

Después de ti, tantas
Como tú, ninguna
Ni su cabello, ni su piel
Ni sus labios
Menos
Su actitud.

De las tantas bocas que he probado
Solo una se parece
Por la pasión
Con que mueve sus labios

Después de ti, tantas
Como tú, ninguna
-Ni más faltaba-
Quizá sea mejor así
Que te quedes
En la distancia
Bien, bien lejos de aquí
Muy lejos de casa.

Después de ti, tantas.
Como tú, ninguna.
Ni su cabello, ni su piel
Ni sus labios.
Menos
Mi actitud.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Un sueño, sí.

Tu cabello cae en flecos de caos aparente y orden intrínseco. El dorado y el negro enmarcan tu rostro bronceado y tus ojos oscuros.

Tu camisa blanca, la mía, perdida.

La ambrosía en las venas, Morfeo jugando. Tú preguntas, yo respondo. Y entre preguntas, nos envalentonamos. Con el coraje del deseo, nos miramos. Somos conscientes de qué va a pasar, y no queremos evitarlo. ¿Está mal? Sin dudarlo. Pero por la promesa del placer, nos perdemos en el momento.

Ignoramos la mirada curiosa que se torna aterrada. Por ella estamos aquí. Habíamos olvidado que estaba.

Te sientas a mi lado, casi pidiendo permiso. Te levanto y lo concedo. Ahora pregunto yo, y mi respuesta es un beso.

Tu boca pronto se abre en sorpresa, y tu voz pasa a ser un tono más agudo. El sudor de los cuerpos se mezcla, y nuestra respiración se agita. Beso tus labios, tu cuello, y me pierdo en el olor de tu cabello.

Eres tú, y soy yo. Momento único, irrepetible. Seres dispares moviéndose al son del deseo, del corazón.

Unidos, hasta que no podemos más. Unidos, hasta sentirnos estallar.

Un sueño, sí. Pero era tan real...

Un sueño, sí. Un sueño, nada más.

jueves, 9 de febrero de 2017

Adiós.

Bien decía Shakespeare,
es un viaje del que no regresas
No lo hizo Hamlet, ni lo haré yo;
tampoco Julieta.

Así, a lo lejos, te vas, como se fue él,
como ella también se irá
Tristemente -y es verdad- ni el heroísmo
(ni la muerte) tienen edad.

Así te vas, así te fuiste,
con un soplo de aire
en un día triste

A pesar del calor,
A pesar de las llamas,
Veo gotas de agua
Llamando en las ventanas.

Ni poemas ni canciones hacen justicia

A la triste sorpresa de tu partida. 

miércoles, 11 de enero de 2017

Testamento

Si estás leyendo esto, lo más seguro es que sepas quien soy. Es probable que yo no sepa quién eres, pero confío en que seas tú. Si no sabes quién soy, quizás pronto lo sepas.

Pero comenzar una presentación como se debe está muy visto.

Puedo decir que no nací donde crees que lo hice, sino mucho más cerca de lo que te gustaría. Quizás demasiado. Casi a tu lado.

No sé cuánto tengo. Quizás la misma edad que tú. Mi padre trabaja con el tuyo, y mi madre con la tuya. Creo que también comparten edades. ¿Y cómo estoy tan seguro si te dije que probablemente no sabía quien eras? Simplemente lo estoy. O quizás mentí antes. Quizás estoy mintiendo ahora. Quizás no. Pero, ¿qué más da?

También estoy seguro que así como trabajan juntos, nuestros padres morirán juntos; al igual que nuestras madres. Con algo de suerte, igual a nosotros mismos. Con un poco de infortunio, sin embargo, creceré más que tú, y seré eterno; o al menos, viviré mucho más.

Pero así son las cosas.

Suelo caminar a tu lado, ¿sabes? Antes jugabas conmigo. Hoy me ignoras de una forma dolorosa. Desde hace varios años, al menos. ¡Y si supieras qué tanto tengo para contarte! ¡Pero ni siquiera me miras! No... Hace años no lo haces.

Lo peor de todo el asunto es que casi siempre estamos juntos. Sólo en las noches más oscuras nos separamos. Me gusta volver a mi casa de vez en cuando. Las noches, en su calma -que es más fama que otra cosa, ¡habrase visto momento más activo que la noche!- me relajan y me permiten descansar. Trabajar contigo es duro, ¿sabes? Más estos últimos años.

Has subido de peso. No poquito, precisamente. Todos lo sabemos. Tus padres lo saben, y no te dicen nada porque se han rendido. Tus amigos lo saben, y no te dicen nada, porque no es su problema. Tu pareja lo sabe, y se ha propuesto dejarte por eso. Pero es mi deber decirte. Y ya que estamos, tampoco te queda bien tu nuevo corte de cabello. ¿En qué estabas pensando? ¿Sabes por qué soy yo quien te dice todo esto? ¡Porque me afecta! ¡Me afecta mucho! Y si sigues como vas no tienes tres años más de vida.

Pero eso ya te lo dijo tu mejor amiga. Ya te lo dijo tu pareja. Ya te lo dijeron tus padres. Y si ya te lo dijeron todos ellos, y no hiciste caso, ¿qué me vas a escuchar a mí, que sólo soy tu sombra?

viernes, 6 de enero de 2017

Tú, aquí y ahora

Con la gracilidad del viento se mueve tu cabello
De aquí para allá, oscuro pero radiante;
Contrastando con tus labios, esbozo casi perfecto
De una luna creciente -tu sonrisa fulgurante.

De tus ojos es mejor no hacer comentarios
Profundos y amorosos, ninguno les haría  justicia
Pero no me es posible mencionarlos
sin soñar con tu mirada en la mía

Y tu nariz, preciosa aunque no te guste
Completa el que a mis ojos es el rostro más dulce
Y aunque jures que no sabes cantar
Tu voz a mí me hace suspirar. 

Y aunque ya hablé de tu sonrisa no querría ignorar
Ni la forma de tus labios, ni tu paso al caminar
Ambos, cual anzuelos, hipnóticos y perfectos
Me harán caer pronto, presa fácil de tus secretos.

No tienes nada que envidiar ni a la luna ni a las estrellas
Ni a las musas, ni a las hadas, ni a la modelo perfecta;
Ni al mismísimo arcoíris, ni a la mismísima aurora
Porque lo más bello en la tierra eres tú, aquí y ahora.

martes, 9 de agosto de 2016

Eventualmente escribiré de ti


Eventualmente escribiré de ti
Y riendo, me dirás
Que no soñaste jamás
Amanecer en mis brazos
O compartir un ocaso
Pasar conmigo tu juventud
Las risas y también la quietud

Eventualmente escribiré de ti
De tu rostro y tu sonrisa
Única, mágica, precisa,
De cómo verte alegra mi día
Y tu silencio me condena

Eventualmente escribiré
Con puntos, tildes y comas
Con lujo de detalle
Tus manos, tu piel, y tus ojos

Escribiré de tus labios,
de cómo se curvan cuando me miras,
de cómo se sienten cuando me besas,
de cómo siguen siendo los mismos,
siempre tan rojos y lindos.

Escribiré de ti eventualmente,
De lo que hicimos y dejamos de hacer,
De todo lo que hice y alguna vez pedí
De toda la alegría que emana de ti

Te prometo, vida mía,
que eventualmente escribiré de ti.

domingo, 24 de julio de 2016

Que desespero

Que desespero saber
Que si me miras me muero
Que si sonríes me pierdo
Que si me esperas, te espero.

Que desespero saber
Que nunca seré suficiente                                                                 
Que serás omnipresente
En mi alma y en mi mente.

Que desespero verte y flaquear
Que a veces no me quieras ni hablar
Que destroces mis murallas,
Que esta historia no tenga un final

Que desespero tu intermitencia
Que desespero tu falta de valor
Que desespero que me uses cuando quieras
Que desespero que me vea con vos.

Que desespero tu sonrisa,
Que hasta a las estrellas les da envidia
Que me muestra el mismo cielo
Y le da sentido a mi vida

Que desespero que en tus ojos
Habiten constelaciones
Que en cada mirada despistada
Brille la luna anhelada

Que desespero, te digo
No entender cómo me afecta tu cuerpo
-Tu olor, tu rostro y tu cabello-
Que me domina por completo

Que desespero imaginar
Tus labios delicados
Posados, distraídos,
Suavemente sobre los míos.

Que desesperante es pensar
Que soy un objeto a ganar
Un premio que dará la vida
Por no portarse nunca mal

Que desespero saber
Que nunca seré suficiente
Que no superaré el miedo
Que no podré tenerte.

sábado, 23 de julio de 2016

Juguemos

Juguemos a tener
Un amor prohibido
De esos que existen en los libros
De los que hay en cuentos, películas y poemas
De los que hay cruzando la acera

Juguemos a tener
Un amor que no sea
Ni meloso ni intermitente
Que mate de envidia a la gente

Juguemos a tener
Un amor disparatado
En el que te olvides del pecado
Para quedarte a mi lado
Esta noche de verano

Juguemos a ser amantes
A ser más hermosos que las letras de Cervantes
Juguemos a quedarnos juntos
Hasta que algún profeta le acierte al fin del mundo

Juguemos a ser 
Más que Romeo y Julieta
Soñemos con ser
Una pareja perfecta

Juguemos a ser
Más humanos que nunca
Con defectos, con manías, sin mesura
¡Que no importe la estatura!

Juguemos a querernos,
A amarnos sin hacer ruido
A besarnos y sellar
Nuestro amor prohibido

Juguemos a tener
Un amor prohibido
Juguemos a querernos
Como hacen los bandidos.

Juguemos al escondite
Y escóndete tú conmigo
Aprovechemos este despiste
Consumemos este delito.

jueves, 21 de julio de 2016

Y qué más da.

¿Y qué más da
Si quiero poner
Mis labios
En tu piel?

¿Y qué más da
Si quiero saber
Cómo se siente
Rozar piel con piel?

¿Y qué más da si tus ojos son azules
O grises, o verdes,
Y los míos café
si con ellos te puedo ver?

¿Y qué más da si quiero recorrer
lentamente
Con mis manos
Cada centímetro de tu ser?

¿Y qué más da si quieres morder
Arañar,gemir o gritar,
Si quieres mi espalda
Con tus uñas marcar?

¿Y qué más da si mi cabello
No es similar al tuyo
si al final del día
se van a mezclar?

¿Y qué más da
si quieres reposar
tu boca en mi cuello
y mis labios saborear?

Y qué más da
Amor mío, qué más da
Sentir que te amo de más
Si vos también me vas a amar.

domingo, 17 de julio de 2016

Llueve

Llueve.

Hoy llueve, hoy llovió.

¿Qué más da si la lluvia está presente o ya pasó?

Las calles están mojadas. El frío cala hasta los huesos. Miro por la ventana. Comienzan a encender las luces en las casas, las farolas en la calle les hacen eco.

Hoy llueve. Hoy llovió.

 El aire tiene un olor único, característico. A pesar de llegar el ocaso, las aves cantan como si fuera el amanecer.

A veces la lluvia evoca tristeza. A veces la lluvia evoca belleza.

¿Qué más da si la lluvia está presente o ya pasó?

Hoy llueve, hoy llovió.

A veces, como hoy, incluso entre la lluvia brilla el sol.

Igual que las aves, para mí amaneció. El sol se abre paso, la primavera sucede al invierno.

Al fondo suena Copenhague.

Después de la tormenta, la calma. La tempestad da paso al silencio, y el silencio, al reinicio. Así es la vida.

¿Qué más da si la lluvia está presente o ya pasó?

Al final, siempre sale el sol

viernes, 8 de julio de 2016

Arreboles pastel

No son siquiera las seis
Y el cielo se viste de arreboles pastel.

Rojos, rosas, naranjas y amarillos,
llevan alegría al corazón de un niño.

Celestiales motas de amarillo
Acercan la luz a cada piso
Que las motas color naranja
Ya han llevado a cada ventana

El gris da paso al azul
Y el pastel da paso el blanco
Me pregunto si habrá aquel
Que no ame los arreboles pastel

lunes, 4 de julio de 2016

Hace rato no te escribo

Sí, a vos.

A vos, que ya no me leés.

A vos, que me sacabas sonrisas cada que hablábamos.

A vos, a quien quise e incluso amé, por quien hubiera dado la vida, hace rato no te escribo. Dejé de escribir, es cierto, pero dejé de escribir porque vos dejaste de responder.

A veces me pregunto cómo estás. Si estás bien, si sos feliz. Si cuando te ves en el espejo decís "Sí, estoy donde quiero estar", o si corrés y llorás. Solías ser buena para eso, para esconderte de vos misma.

Quizás aún lo seas.

No te lo voy a negar, me sigue doliendo que te hayás ido. ¿Para qué? Es obvio que lo hace. Si no, no escribiría estas líneas, no pensaría en vos a ratos. No te añoraría como lo hago.

¡Es que que fuera nostalgia, mujer! ¡Pero no lo es! No puedo recordar un momento bueno con vos sin sentir dolor, ¡ninguno!

Ninguno...

Ninguno, ¿y sabés por qué? Porque te amé.

Sí, a vos. Y vos lo sabías.

Te amaba con locura. Me soñaba a tu lado, despertando y preparándote un desayuno que terminarías comiendo frío porque siempre dormís hasta tarde. O dormías. Ya no sé...

Soñaba con infinitos clichés, con lo más cursi, lo más dulce... soñaba con vos.

Soñaba con que escribiría un libro y te lo dedicaría.

Soñaba, mujer.

Pero el dolor... ¡y que fuera poco! ¡Que fuera poco y pudiera obviarlo! Pero vos sos una espina, un dardo, que te dio por quedar enterrada al lado del corazón, de donde sacarte me mataría y dejarte me hiere.

Una espina... Supongo que es apropiado. Siempre quise darte una rosa... Heh, así nos conocimos, con una rosa. Flores malditas y hermosas, ¿verdad?

Mi primer regalo para vos fue una rosa, y también el que nunca te dí, y que quizás nunca te daré, era otra. Te di dulces, libros, risas, ¡hasta balas!, pero no pude regalarte ésa última rosa.

A veces intento dejar de pensar en vos. En quién sos y qué significás para mí. O significaste. Dejarte guardadita en un rincón de la memoria. Guardada porque aunque quiera, no puedo sacarte. Por eso sigue ahí el separador que me diste, acurrucado al lado de la Maga, porque no puedo verlo sin pensar en vos; por eso no leo a Cortázar, porque sos vos en él, no es él quien habla. Sos vos... Sos vos como sos vos en la poesía que alguna vez escribía y no puedo ni mirar...

Me pregunto si realmente, en algún momento, te dejé de amar.

Pensar en vos es un suplicio. Por eso mismo es que hace rato no te escribo.

sábado, 25 de junio de 2016

Eternidad

A veces no sé
ni me pregunto, siquiera
si la eternidad puede ser
un minuto cualquiera.

Si es algo grande
complejo y misterioso
O si es el momento
que se espera ansioso

Porque es innegable
que no duran lo mismo
las distintas eternidades
para cada individuo.

Es obvio, claro está,
Que no duran lo mismo
Los minutos sin ti
Que los minutos contigo

Y los minutos sin ti son eternos
Cada segundo durando siglos enteros
Y los minutos contigo, efímeros,
Escapan corriendo entre mis dedos

A veces no sé
Ni me pregunto siquiera
Si la eternidad puede ser
Un minuto cualquiera










viernes, 24 de junio de 2016

Fantasmas

Hoy te vi.

Sé que no sos vos. Pero hoy te vi.

Te vi cuando venías caminando hacia mi, oculta en un cuerpo ajeno. En un cabello más claro, en un par de centímetros más. Pero sin duda, eras vos, y no eras.

También cuando quien caminaba era yo, y vos acompañabas a tu no-novio en tu no-cuerpo. No eras vos, pero en ese cuerpo también andabas escondida.

No eras vos. No sos vos.

Soy yo.

Soy yo que no te dejo, que mantengo mi cabeza anclada a tu recuerdo.

Soy yo que veo en otras todo lo que sos, tu rostro, tu cabello y tus piernas. Soy yo quien ve en otras tu forma de caminar y tu cuerpo...

                                               ... tu cuerpo...

Tu cuerpo maldito que invita al pecado, que hace 
estragos en un hombre desdichado .

Sé bien que no sos vos, que no está en ellas mi perdición como sí en ti. 

Sé bien, lo sé -¡puedo verlo!- que no corresponde el cabello, que sus pechos no son los mismos a los tuyos, y que su rostro no brilla de la misma manera que el tuyo cuando sonreís. 

Sé bien que no sos vos, pero hoy te vi.

Y si no te vi a vos, amor, vi tu fantasma.